En la escuela “Islas Malvinas” del municipio Carmen de Patagones en Argentina, existe un aula cerrada que jamás verá cruzar por el umbral de su puerta a ningún alumno. Es el aula que ocupaba el Grupo 1 “B” donde tres estudiantes: Sandra, Evangelina y Pedro fueron asesinados a balazos por Rafael, uno de sus compañeros.
Las puertas fueron cerradas por los alumnos sobrevivientes a la tragedia, quienes exigieron a la directora de la escuela las llaves del salón de clases para clausurarla y condenarla al olvido.
Entre los alumnos promotores de la clausura estaban cinco estudiantes sobrevivientes a la masacre ocurrida el 28 de septiembre de 2004, quienes recibieron en su cuerpo impactos de bala de una pistola nueve milímetros, que los mantuvo al borde de la muerte en un hospital de Buenos Aires.
El resentimiento de estos alumnos está enfocado en el aula, pero el detonante de esta tragedia fue una pistola que el papá del agresor conservaba en su hogar, como parte de su equipo de trabajo en la Policía Naval y las burlas que algunos alumnos hacían al ahora detenido al que tachaban de “raro”; además de la indiferencia de los profesores para detener estas agresiones.
CASOS EN MEXICO
México no es ajeno a esta problemática, en el Distrito Federal una niña, Dalia Gómez, fue asesinada de un balazo en la cabeza, por un compañero que llevó una pistola a la escuela para vengarse de algunos de sus compañeros que lo acosaban.
El pequeño sacó de su mochila la pistola que traía para mostrarla a sus compañeros y decirles que la utilizaría para defenderse de sus acosadores, pero al no saber manejarla accionó el percutor y la bala fue a dar a la nunca de su compañerita.
En ciudad Guadalupe, un niño de ocho años llevó a la primaria una pistola propiedad de su abuelo para atacar a un grupo de acosadores, pero sólo logró herir en una pierna a su mejor amigo. No sabía ni como tomarla con la mano.
En la escuela Club de Leones núm. 1 de Monterrey, el alumno Jonathan Gerardo fue descubierto con una pistola calibre .22 y en la secundaria 37 de Ciudad Solidaridad, Jessica R. fue sorprendida con una pistola calibre .25 que llevaba para agredir a su ex amiga Anahí Cristina.
Puedo enumerar docenas de casos más como el del Instituto Columbine en Colorado donde Eric Harris y Dylan Klebold mataron a 13 alumnos, a un maestro e hirieron a 23 personas más, o el de la secundaria Red Lake en Minnesota, donde un alumno mató a tres estudiantes, un profesor, un guardia y a sus abuelos, pero este escrito no tendría fin.
Basta con decir que en Estados Unidos mueren anualmente un promedio de 25 estudiantes en las aulas a causa de las pistolas que en ellas se introducen. De hecho, ya hay dos libros dedicados a las muertes que han ocurrido en las aulas bajo el rubor de “Bullicide” , es decir, de las víctimas de los bully o matones escolares.
En estudios que en lo personal he realizado con alumnos de la entidad, he constatado lo que tanto temía: Hay armas en las escuelas de Nuevo León.
De acuerdo a los resultados obtenidos 4 de cada 10 alumnos saben o han visto que meten navajas en las escuelas, 4 de cada 10 saben o han visto que los alumnos introducen cadenas; 18 de cada 100 alumnos, casi dos de cada 10, saben o han visto que meten cuchillos; 4 de cada 100 saben o han visto que meten pistolas; dos de cada 100 saben o han visto que meten manoplas y 6 de cada 100 saben o han visto que sus compañeros meten picahielos.
Esto no quiere decir que las escuelas están plagadas de armas, lo que significa es que hay introducción de armas y que ésta es evidente a la vista de los alumnos. Es decir los alumnos saben quienes meten armas, pero nada dicen a las autoridades educativas por temor a alguna represalia.
Como en el caso del pandillerismo que comentamos en el número anterior de Aula23, la introducción de armas es mayor en escuelas urbanas, menor en las suburbanas y mucho menor, en las escuelas rurales, sin que sean inexistentes.
En nuestro estudio encontramos una asociación entre los alumnos que han portado armas y el haber sido víctima de maltratos.
Esto se confirma con los casos de masacres en las escuelas, pues los asesinos arrastran con un historial de maltratos en su contra, de parte de alumnos que los consideran “raros” por carecer de habilidades sociales para comunicarse con los demás, por su forma de vestir, sus aficiones y un retraimiento causado por alguna imperfección física.
Rafael, el alumno que mató a sus compañeros en Argentina, se quejó de las burlas que le hacían por un grano que tenía en la nariz, así como la discriminación de que era objeto constantemente.
Definitivamente yo estoy a favor de que se eduque para no utilizar armas, pues éstas sólo sirven para matar. Pero en el estudio uno de cada dos alumnos, está favor de que se revisen las mochilas. En ocasiones he pensado en el diseño de mochilas transparentes, pero le apuesto más a la educación para formar hombres y mujeres que digan no a las armas.
Los alumnos, siete de cada 10, están a favor de que haya más vigilancia en las escuelas y el total se muestra a favor de que se oriente en las aulas sobre la violencia en las escuelas. Sobre el Bullying.
Pero si Ud., creía que los profesores no se enteran sobre la introducción de armas a las escuelas, déjeme decirle que no es así. Sí se enteran, pero les llega poca información.
Entrevistamos a 633 maestros y de ello sólo 12 dijeron saber que metían pistolas a sus escuelas, 47 dijeron haberse enterado de introducción de cuchillos, 161 dijeron saber que meten navajas a sus centros educativos, 90 dijeron saber que meten manoplas, 115 saben que meten cadenas y solo 6 de 633 saben que meten picahielos.
Como se puede apreciar, solo 1 de cada 10 maestros saben de introducción de armas.
Y si lo saben por qué no educar para decir adiós a la armas y a los maltratos a entre los alumnos.
¿O tenemos que esperar a que un grupo de alumnos sobrevivientes tomen las llaves de la escuela y cierren un aula?
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