La maestra mocha orejas

 

-Buenas tardes profesor, me permite hablar con el grupo- me solicitó Javier.
-Y cuál sería el tema-, cuestioné.
-Quiero decirles que no pierdan el tiempo, que estudien mucho para que puedan triunfar en la vida.
-Pues adelante- le dije. Eres bienvenido-
Mientras Javier daba la plática, recordé sus primeros días de estudiante. Apenas entraba a clases, perdía el tiempo en la cafetería o en las canchas deportivas, y nunca he olvidado la tarde en que llegó al salón vistiendo un pantalón corto deportivo, zapatos formales y camisa con corbata y un saco color crema.

Muchos maestros hablamos con él aconsejándole que reformara su conducta, pero eran otros tiempos en el sistema universitario del Nivel Medio Superior, donde todo era permitido y el aspecto formativo estaba en el abandono.
Un día Javier no volvió a clases, pues sus notas bajaron por su indiferencia al estudio, y perdió sus derechos de estudiante.

Muchos años después, cuando en su empleo le pidieron más estudios para poder crecer en la organización, Javier se vio obligado a regresar a la preparatoria a reiniciar su carrera académica.
-Yo estuve aquí hace unos años y perdí el tiempo- le dijo a su maestra de planta- por eso quisiera que me permitiera hablar con mis compañeros (ellos era adolescentes y él un adulto) para aconsejarles que le echen ganas.
A la maestra no sólo le encantó la idea, sino que le pidió que fuera a cada uno de los grupos a contar su experiencia.
Así Javier predicó en cada una de las aulas, con la idea de que por lo menos un alumno o alumna evitara tomar el camino equivocado que a él le truncó su ascenso laboral.


-He cambiado profe - me dijo al concluir su plática- ahora sí voy a estudiar.
Lo último que supe de Javier fue que logró el título universitario que se había propuesto conseguir.

Hoy las cosas son distintas, el sistema educativo del Nivel Medio Superior, el aspecto formativo forma parte esencial de la misión de las escuelas preparatorias y son las que ponen énfasis en este renglón las que tienen los alumnos más exitosos.
A las chicas se les pide no llevar minifalda, blusas escotadas o pantalones a la cadera, que dejen ver la ropa interior. También se pide no teñir su cabello en tonos multicolores que caigan en la extravagancia, pero sobre todo se prohíben los tatuajes y piercing que de alguna manera afecta su imagen y la de la escuela, de acuerdo, esto, a la forma de ver de los directivos.

A chicos y chicas se les prohíbe estar en clase con teléfono móvil en funcionamiento y ni hablar de escuchar el reproductor de MP3.
A los jóvenes también se les pide cumplir ciertas normas en cuanto al peinado de su cabello, el uso de piercing, los tatuajes, los pantalones holgados y el uso de ciertas camisetas o playeras de moda.
Toda esta normatividad es comentada, no consensuada, con los padres de familia antes de que los alumnos entren a clases, pero aún así se han dado casos de padres y madres de alumnos que no están de acuerdo con estas reglas por atentar contra los derechos de sus hijos.

-A Usted que le importa si mi hija viste como punketa o darketa, si tiene las mejores calificaciones, dicen.
Es cierto que la misión del sistema educativo es entregar buenos ciudadanos a la sociedad, pero es también la exageración en el cumplimiento de estos reglamentos lo que convierte la disciplina en violencia sistémica.
Le explicaré:
 
EL CASO SANTA CATARINA
A finales de abril la maestra Belinda Guerra González fue detenida por la policía acusada de lesionar al alumno Alexis Iván, a quien dañó una oreja con el filo de las tijeras con que intentaba cortarle el cabello.
La maestra, directora de la escuela Ignacio Ramírez, de un barrio de Santa Catarina, fue liberada por las autoridades judiciales, pero sometida a investigación por la Secretaría de Educación, donde posiblemente será separada de su cargo o jubilada anticipadamente.

Una persona cercana a mi familia tiene más de 40 años en su oficio de peluquero y confiesa que accidentalmente, en ocasiones, ha cortado la oreja de algún cliente.
Quizás Usted no esté de acuerdo conmigo, pero creo que jamás cruzó por la mente de la maestra la idea de cortar la oreja del alumno. Sin embargo los medios de comunicación la exhibieron como “maestra mocha orejas”.
Cierto es que la maestra no debió adoptar esa actitud y actuar con otro criterio, pero desconocemos a que presión están sometidos los directivos para que exijan el cumplimiento del reglamento interno, ya sea por inspectores, jefes de región, directores del sistema de secundarias, subsecretarias o el mismo Secretario de Educación.

Hay alumnas que han perdido exámenes porque el día de presentar sólo había a su disposición una blusa que a ojos de sus profesores estaba escotada; muchos alumnos son castigados y enviados a casa con un reporte porque llevaban los zapatos sucios o porque sus calcetines, por el desgaste, no tenían el tono negro que se exige en el uniforme.
Otros reprueban porque se enfermaron y convalecieron en su casa buscando salud con remedios caseros, pues carecen de servicio médico o sus padres son incapaces de pagar un doctor que le extendiera una receta como justificante.

En Ciudad Guadalupe, al final de una conferencia, una maestra dijo que en su escuela ponen un mecate en el cuello a las alumnas que no llevan la corbata propia de su uniforme. Por esa misma falta en una secundaria de Monterrey se les obliga a las alumnas a tomar la clase fuera del salón estando de pie todo el turno, mientras mira la clase por la ventana.
Entonces tenemos que la exageración del cumplimiento de las normas disciplinarias lleva a maestros y directivos a incurrir en la práctica de la violencia sistémica, que es la forma en que la escuela como institución daña a sus alumnos  sin que nadie llegue a sentir culpa, pues se amparan, maestros y directivos, en que se actuó de tal o cual manera, en la estricta observancia de los reglamentos.

La solución, podría ser entonces, en que la aprobación de cada una de las normas disciplinarias deben ser sometidas al voto democrático de los padres y madres se familia. No a la mera información de reglas impuestas que los padres tienen que aceptar para que a sus hijos no se les niegue el acceso a tal o cual escuela.
Así los padres de familia podrán optar, en uso de sus derechos, porque la escuela ponga énfasis en el aspecto formativo o no, y diseñen el perfil que tendrán sus hijos al egresar de las escuelas.
Así se evitarán casos de maestras mocha-orejas y quizás tengamos muchos casos de alumnos arrepentidos, como Javier.

O bien el sistema educativo capacita a sus maestros y reconoce que cuando se exagera el cumplimiento de las normas disciplinarias, se incurre en la violencia sistémica.

 

"Entonces tenemos que la exageración del cumplimiento de las normas disciplinarias lleva a maestros y directivos a incurrir en la práctica de la violencia sistémica, que es la forma en que la escuela como institución daña a sus alumnos  sin que nadie llegue a sentir culpa, pues se amparan, maestros y directivos, en que se actuó de tal o cual manera, en la estricta observancia de los reglamentos".

Lucio López