Los maestros sufren ansiedad y depresión;

por los alumnos agresivos y disruptivos

 

Los bajos salarios que apenas ayudan a menguar la difícil situación económica y la lucha por el control político en los centros educativos, eran hasta hace poco la causa principal del malestar docente.
A la problemática económica y política de la planta magisterial, se suma ahora un factor que está afectando la salud física y mental de los docentes: La violencia de los alumnos contra los maestros.
Víctimas de esta situación, muchos docentes pasan por cuadros depresivos y crisis de ansiedad, porque llegan a sentir temor al asistir a la cotidiana impartición clases y su inseguridad los lleva a enfermarse, al grado de tener que ausentarse de sus labores por lo menos una vez al mes.

El malestar docente es poco estudiado, porque existe una cerrazón de las instituciones educativas a que se ventile, aun en el ámbito científico, el desgaste a que es sometido el docente a diario en el centro escolar, y muy apenas el sistema ha permitido que se estudie el conflicto entre los alumnos.
Con eso se trata de mantener ante la sociedad, la idea de que el resto de la comunidad educativa no tiene conflictos y que sólo existen problemas entre los iguales en el microsistema de los alumnos, y que estos conflictos son traídos a la escuela de afuera, al ser generados en la familia – a la que se sataniza- y en el barrio que habita el alumnado.

Pero la escuela no es aconflictiva ni se limita a reproducir la ideología dominante, aunque lo haga. La escuela es origen de conflictos culturales, políticos y económicos. Y todos estos conflictos, constituyen lo que los investigadores educativos han llamado “La cara oculta de la Escuela”.
En la escuela hay violencia contra los profesores, misma que se refleja en los conflictos y luchas por el control político de la institución, y que se producen en la vida organizacional para defender los intereses particulares de determinados individuos o grupos.

El establecimiento del control político produce violencia en las relaciones verticales entre la dirección y los docentes, con sus sistemas de evaluación y control. Y en lo horizontal, la violencia se vincula, en la competitividad entre compañeros docentes que luchan por conseguir cargos, influencia política, acceso al manejo del presupuesto, espacios físicos, horarios confeccionados a su antojo y permisos, entre muchos factores.
Lo peor del caso es que estos conflictos dejan la esfera política y se llevan al plano personal, provocando la desintegración de la planta docente y la creación de redes micropolíticas o grupos de poder, unos marginados y otros luchando por mantener al “jefe o jefa” en el poder, a cambio de prebendas por su conformismo o vasallaje.

Así se establecen envidias, odios, rivalidades y venganzas que repercuten en la vida privada del profesor y en el desarrollo de la práctica educativa. Este es un factor que incide en el malestar docente. Muchas veces los alumnos son testigos y víctimas de estos conflictos, que también afectan a profesores de reciente ingreso que no saben como permanecer ajenos.
La situación económica es otro factor que incide en la salud mental y física de los docentes, pero como los salarios forman parte del contexto económico y político nacional, los profesores poco pueden incidir para transformar su situación. De tal manera que pasan el día de una escuela a otra, o de impartir clases a desempeñar trabajos muy distintos a su vocación, que igual desempeñan con eficiencia, pero que a pesar de resolver el problema de dinero, no los llevan al confort emocional.

LA VIOLENCIA DE LOS ALUMNOS
A estos problemas de los docentes, se agrega la violencia creciente de los alumnos contra los profesores.
En estudios que he realizado con maestros de la entidad, tres de cada 10 maestros ha reconocido que los conflictos con los alumnos los han llevado a sufrir cuadros depresivos, por lo menos en alguna ocasión, pero pocos mencionan el haber buscado ayuda para encontrar solución a este problema, porque sólo 3 de cada 100 han sufrido este malestar muchas veces.

Cuatro de cada 10 maestros dijo haber pasado situaciones que los mantuvieron estresados, alguna vez, pero sólo ocho de cada mil dijeron sentirse ese malestar siempre. Esto debe llamar la atención de las autoridades educativas, pues son maestros en situación de riesgo, que incluso aceptaron haberse enfermado al grado de requerir atención médica y autorización para ausentarse del aula, por medio de incapacidades.
En la secundaria 55 de San Nicolás fue muy conocido el caso de un maestro al que los alumnos llenaban de burlas e insultos, llegando incluso a ser víctima de agresiones físicas.

En la Preparatoria 9 se escribió la historia de un maestro que fue agredido por un alumno, llegando el caso a ventilarse en los tribunales.
Y es que los alumnos agresores, los “bully” o matones de patio, como se les conoce, no sólo se limitan a acosar a sus compañeros de aula o de salones cercanos. También dirigen sus agresiones hacia los maestros, a causa de un clima de impunidad muchas veces generadas por la institución.

Aunque, en mis estudios, sólo uno de cada 100 maestros dicen haber sido tratados de forma irrespetuosa por los alumnos, muchos docentes dicen haber atestiguado agresiones contra sus compañeros.
Tres de cada 10 docentes dicen saber o haber visto a alumnos hablar mal de sus maestros a sus espaldas; cuatro de cada 10 maestros dicen que en sus centros, se han suscitado casos de alumnos que han proferido insultos contra profesores; dos de cada 10 maestros señalan que en sus escuelas los alumnos han puesto apodos a su maestros, y cinco de cada 10, indican que los alumnos han difundido malos rumores contra miembros de la planta magisterial.

Ante el poder que representa el maestro, los agresores perpetran agresiones físicas indirectas contra los maestros, dirigiendo su violencia hacia objetos que forman parte del patrimonio de los docentes.
Tres de cada 10 docentes señalan que en sus centros, los alumnos agresores han dañado algún objeto personal o propiedad de docentes, como son daños a automóviles. Uno de cada 10 maestros dicen que en sus escuelas, los alumnos agresores han robado objetos de los docentes y 5 de cada 100 se han enterado de maestros que sufrieron agresiones físicas de parte de algún alumno.

Los maestros también son víctimas de amenazas, muchas veces cumplidas. En Tijuana un alumno disparó contra un maestro dentro del aula. En Veracruz un maestro fue amenazado de muerte con una navaja, por una diferencia con un educando. En nuestra entidad los estudios que he realizado indican que 8 de cada 100 maestros han conocido casos de alumnos que han intimidado a sus compañeros maestros.
El problema de violencia contra los docentes es mundial. El síndrome del “maestro quemado”, cuya principal característica es de docentes que han enfermado de depresión, colitis, gastritis, alergias, jaquecas crónicas, debido a la desobediencia de los alumnos agresivos y disruptivos, es cada día más frecuente.

En Francia fue instalado un teléfono de ayuda a docentes en conflicto y en Holanda, en un tiempo se redujo la semana de clases a cuatro días, por la deserción magisterial a causa de las agresividad de los alumnos.
Las autoridades educativas deben poner atención a este problema diseñando programas que frenen la violencia o mejor, aún, que construyan la no-violencia.
Porque cuando a los alumnos agresores permanecen impunes, los maestros son víctimas de violencia.
 

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Y es que los alumnos agresores, los “bully” o matones de patio, como se les conoce, no sólo se limitan a acosar a sus compañeros de aula o de salones cercanos. También dirigen sus agresiones hacia los maestros, a causa de un clima de impunidad muchas veces generadas por la institución.