Crisis de valores y violencia escolar

 

Hace unos días, Alejandro Villarreal Dey, director de la Preparatoria 9, marcó el número de mi teléfono móvil y me expresó una de sus más ondas preocupaciones: La enseñanza en valores.
“Vamos a realizar una semana cultural”, dijo, “y la vamos a dedicar al tema de los valores. Nos gustaría que participaras”.
 -Me gustaría hablar- le dije- acerca de la crisis de valores.
Puntuales, a las 14:00 horas, del día programado, la biblioteca lució abarrotada de jóvenes estudiantes que llegaron envueltos en una nube de algarabía propia de su adolescencia.

El 4 de julio pasado, les dije, en Nuevo León se cerró una de las páginas más tristes de su vida académica. Tres niños de escuelas primarias se suicidaron por problemas que tenían que ver con las instituciones educativas donde estudiaban.
Sin embargo, agregué, sólo a las familias de los pequeños afectó estos fallecimientos. Porque a nadie del sistema educativo estatal ni nacional conmovieron estas muertes.

En España, el suicidio de Jokin C., un alumno de secundaria que era acosado, obligó al sistema educativo a investigar y crear programas de convivencia escolar, pero en México nada de esto sucede.
En Noruega, el suicidio de tres niños de escuela primaria, obligó en 1970 al estudio de la violencia en las aulas y al desarrollo de programas educativos para evitar que estos casos se vuelvan a repetir. Pero en México nada de esto sucede.
La violencia en las aulas, definitivamente, es producto de la crisis de valores que inició a final de la década de los 50´s del siglo pasado cuando el mundo se vio envuelto en profundos problemas sociales, económicos y políticos.

La escuela, como un espejo, refleja en las actitudes de los alumnos los problemas de la sociedad adulta.
 Así, la violencia que vemos en la calle se repite en las escuelas y lamentablemente esto deja en evidencia la ineficacia de las instituciones educativas para hacer frente a este fenómeno.
La violencia en las aulas es una realidad, los estudios demuestran que 18 alumnos de escuela primaria, 16 de secundaria y cinco de escuelas preparatorias, son lastimados físicamente por sus compañeros cada período escolar sin que nadie haga nada para evitarlo.

Ante esta situación, la escuela está bajo sospecha no tanto como generadora de la violencia sino como ente incapaz de resolver o por lo menos encarar este problema.
La crisis de valores se refleja en la incapacidad, para transmitir valores y pautas de comportamientos deseables, de las instituciones tradicionales como la familia, la iglesia y la sociedad.
Lastimada por sacerdotes que han abusado sexualmente de niños, la Iglesia ha perdido su liderazgo moral, al grado que ya hay miles de seguidores de la llamada Santa Muerte y lo peor de todo es que han construido santuarios en su honor, donde cada domingo asisten padres y madres de familia acompañados de sus hijos.

Los medios de comunicación enaltecen antihéroes y venden a los jóvenes la idea de que no existe el futuro, de tal manera que los exhortan a gozar al máximo la vida asegurando que el presente es lo único que tienen.
De tal manera que vemos cada fin de semana jóvenes morir alcoholizados en accidentes viales o chocar y saltar a la fama a costa de ser el hazmerreír de la sociedad.
Y es que la ideología del postmodernismo enaltece la autonomía individual, el sustraerse a toda autoridad, la sobrevaloración del placer, la liberación de impulsos y sentimientos, el ansia de nuevas sensaciones y experiencias, la supresión de todos los vínculos, la espontaneidad, la satisfacción afectiva y la creatividad.

Cono consecuencia, asegura Brezinka (1990) la pérdida de sujeción al deber y a la obediencia, unida a una crítica permanente de todo lo existente amenaza con destruir aquel ethos que hasta ahora ha mantenido unida a la sociedad.
Orrico (2002) señala que la juventud vive un vacío que no entiende y que no sabe llenar. Asistimos, dice, al estallido de generaciones blandas, vacías, hedonistas, carentes de verdadera curiosidad y buscadoras exclusivas de evasión.
La educación ante esta situación tiene que ayudar a los jóvenes a enfrentar esto, para imbuir en ellos el amor propio y la autosuperación; el valor del esfuerzo, de la voluntad, de la memoria, del amor a lo bien hecho, del análisis lógico, la generosidad y el gozo del saber.

Nuestros estudios han demostrado que aquellos alumnos que reciben enseñanza de valores de parte de sus maestros o de parte de sus padres, tienden a no participar en actos de violencia escolar.
Por eso la exhortación es a educar a nuestros alumnos en valores humanos, pero no desde el discurso sino desde la práctica que lleva al contagio de los mismos.

Brezinka, W (1990) la educación en una sociedad en crisis. Madrid. Editorial Narcea.

Orrico, J. (2002):La comprensividad: igualitarismo contra humanismo. Ponencia presentada en las II Jornadas nacionales sobre educación secundaria, bachillerato y formación profesional. Los retos de la educación del siglo XXI celebradas en Murcia en abril de 2002.

La crisis de valores se refleja en la incapacidad, para transmitir valores y pautas de comportamientos deseables, de las instituciones tradicionales como la familia, la iglesia y la sociedad.