Violencia contra la escuela

Cada inicio de clases el sistema educativo resiente pérdidas millonarias a causa del vandalismo escolar, que llevan a cabo alumnos, ex alumnos, pandillas y ladrones comunes.
El problema es gran magnitud pues la SEP reconoce que el 90 por ciento de las escuelas de Nuevo León, ha sido víctima de algún tipo de violencia contra los centros educativos.


Paredes manchadas con aerosol a causa de grafiteros, vidrios rotos a pedradas, aulas pintadas con leyendas ofensivas, puertas destruidas, robo de equipo de cómputo y audiovisual, es el triste panorama que viven alumnos, padres de familia, maestros y directivos al regresar del período vacacional e iniciar el nuevo ciclo escolar.
Pero, ¿cuál es el origen de esta violencia contra la escuela?
 Aquí presentamos una de las causas que incide en este maltrato contra las instituciones educativas.

La escuela también maltrata

-Le puedo servir en algo- me dijo amablemente el profesor.
-Sólo déjeme estar un momento aquí- supliqué.
Momentos antes circulaba por la Avenida Bernardo Reyes de Norte a Sur, y de pronto un impulso me hizo virar a la derecha.
Sin queja mi automóvil se internó por las calles de la Colonia Estrella y recorrió conmigo, el camino que tantas veces, durante tres años consecutivos, me había llevado a la escuela secundaria.
En lo alto de la puerta principal las letras con el nombre del padre de la patria Don Miguel Hidalgo continuaban firmes desafiando las inclemencias del clima y del tiempo.
El número 9 que tantas veces me vio llegar por la calle Ramón Corral seguía como símbolo de identificación del centro educativo.


Frente al umbral de la puerta principal no pude evitar que me cimbrara un estremecimiento de emoción.
Abrí el pesado portal metálico y con pasos firmes, pero sin prisa caminé los pasillos de la escuela donde realicé mis estudios de educación básica y dejé parte de mi adolescencia.
Estuve ahí por unos minutos observando el patio de recreo, mientras decenas de imágenes se agolpaban en mi mente luchando por ser las protagonistas en ese mar de recuerdos, pero para mí todas tenían la misma importancia.

Fue entonces cuando una persona abandonó las oficinas administrativas y se dirigió a lugar donde pasaba mi melancolía.
-Le puedo servir en algo- me dijo amablemente el profesor y yo apenas pude suplicar:
 -Sólo déjeme estar un momento aquí; este lugar me trae gratos recuerdos.

El odio contra la escuela

Pero no a todas las personas, las escuelas les traen gratos recuerdos. Para muchos ex alumnos la vida en las aulas, forma parte de sus más amargas experiencias. Algunos por el maltrato que sufrieron de parte de alumnos y maestros, y otros porque en ellas no pudieron encontrar la ayuda que necesitaban.
Cada inicio de clases los directivos de los planteles escolares se encuentran con la triste noticia de que durante el período vacacional las oficinas fueron saqueadas y las aulas destrozadas.
¿Por qué hicieron esto?, preguntan maestros y padres de familia, pero no encuentran una respuesta a su interrogante.
 
La violencia contra la escuela conocida también como vandalismo escolar, tiene que ver la mayoría de las veces con la violencia sistémica que la escuela ejerce en contra del alumnado.
Le explicaré.
Cuando uno de nuestros hijos comete un error grave, los padres de familia inmediatamente reaccionan-o reaccionamos- planteándonos la siguiente pregunta:
¿Qué hicimos para que nuestro hijo actuara así? Y entonces se formulan varias hipótesis para encontrar una respuesta.


-Lo dejé sólo mucho tiempo- dice el padre/ -Le permitimos que anduviera con malas compañías- dice la madre/ Le dí mucho dinero y poco cariño- dice el padre/ -Nunca lo regañé cuando llegaba tomado y en la madrugada, dice la madre.
Pero la escuela, que se cree toda bondad, no fórmula ninguna hipótesis e inmediatamente culpa al entorno violento, a los padres de familia, al pandillerismo y la drogadicción de la violencia material con repercusiones económicas de que es objeto.
Es decir, la escuela no suele mirar hacia el interior como posible causante del vandalismo escolar.
Sin embargo, hay en los mecanismos del sistema educativo, ciertas condiciones que violentan al alumno y que generan en éste cierto rencor que al paso del tiempo se convierte en odio contra la institución.

Uno de esos mecanismos es el rechazo de la institución hacia los alumnos con bajos promedios escolares.
La escuela expulsa de sus instalaciones a todo aquel que no aprueba las asignaturas, porque cree que todos los alumnos tienen la misma capacidad intelectual y que todos aprenden igual y de la misma manera.
Ni directivos ni maestros sienten algún tipo de remordimiento cuando reprueban a algún alumno y lo regresan a la sociedad sin ninguna habilidad para poder sobrevivir en ella, es decir los orillan a un tipo de “suicidio académico” que tiene para los alumnos rechazados una repercusión académica y económica de la que jamás podrán librarse.

Una vez expulsados por la escuela, los alumnos también son rechazados y maltratados por los integrantes de su familia, que ven rotos sus anhelos de ver a sus hijos convertidos en hombres de bien.
Y son, además, objeto de burla por sus compañeros de barrio o de generación que ven en ellos a los “burros” o fracasados de la colonia.
De tal manera que esos alumnos regresan a la escuela que los rechazó y se apostan en las afueras de las instalaciones, para molestar a los alumnos que si tienen la oportunidad de estudiar y con cierto rencor los golpean, despojan de dinero y otras pertenencias, en actividades que más tarde realizan en forma de pandillas.
Estudios realizados a nivel nacional en escuelas primarias y secundarias, revelan que en 6 de cada 10 planteles educativos existen pandillas.

Esa misma cifra, la he encontrado en estudios sobre violencia escolar que he realizado en escuelas preparatorias públicas.
En un reciente estudio, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación encontró que 9 de cada 100 alumnos en primaria y 7 de cada 100 alumnos de secundaria, participan en actividades nocivas para dañar las instalaciones de las escuelas, como hacer graffiti, pintas, descomponer chapas de puertas o maltratar equipos y mobiliario.

El odio contra la escuela es tal, que durante el período vacacional, esos alumnos rechazados incursionan en las escuelas para robar, dañar equipo y mobiliario, hacer pintas en aulas donde dejan mensajes ofensivos contra algunos maestros, e incluso llegan a defecar y orinar sobre escritorios y bancos.
Ese es el resultado de la violencia sistémica que la escuela ejerció en su contra al no indagar en las causas que hacían a esos alumnos estar en niveles bajos en su desempeño académico, para encontrarles algún tipo de solución.

El odio contra la escuela es tal, que durante el período vacacional, esos alumnos rechazados incursionan en las escuelas para robar, dañar equipo y mobiliario, hacer pintas en aulas donde dejan mensajes ofensivos contra algunos maestros, e incluso llegan a defecar y orinar sobre escritorios y bancos.