Un malestar estomacal invadió de improviso las entrañas de Jokin, quien sintió una necesidad urgente de ir a los sanitarios de la escuela. Cuando la maestra, que hacia anotaciones en el pizarrón, tuvo tiempo de mirar al alumno que le insistía en que le prestara atención, ya era demasiado tarde.
Jokin ya no solo pidió permiso para ir al baño sino que tuvo que llamar a su madre, para que le llevara ropa y lo trasladara a su casa.
Al siguiente día, Jokin llegó al colegio con algo de pena, se incorporó a la fila de su grupo y esperó instrucciones para caminar hacia su aula. Todo parecía normal en clases, cuando a media mañana un grupo de tres alumnos se burlaron de la diarrea que había sufrido el día anterior.
Durante un año entero, Jokin fue objeto de apodos, burlas, ridiculizaciones, exclusión social y golpes, de parte de sus compañeros de escuela.
A cumplirse un año de aquel episodio desastroso, los compañeros de Jokin le organizaron una perversa celebración.
Cada uno de los alumnos llevó un rollo de papel sanitario, se subieron a los bancos y cuando Jokin entró al salón, le lanzaron tiras de papel a manera de serpentinas de día festivo.
La maestra del salón, lejos de amonestar a los alumnos burlones, puso a Jokin a que aseara el salón, mientras sus compañeros agresores seguían las burlas.
Al mediodía, Jokin abandonó por última vez el aula de su tortura, pues se dirigió a su casa y luego de compartir la comida con sus padres, se encerró en su habitación para dejar una carta póstuma.
Envió a su amigos un correo electrónico donde expresaba que sentía que nada valía, que no tenía caso seguir viviendo, pues ya no soportaba el acoso de sus agresores.
“Libre, oh libre. Mis ojos seguirán mientras paren mis pies”, escribió en su despedida.
Luego tomó una bicicleta y se dirigió a la parte alta de la muralla que circunda Hondarribia, un pueblo costeño del País Vasco en España.
Posteriormente se tiró al vacío y su cuerpo fue a estrellarse en las rocas del pie de aquella muralla, cercana al mar. Su bicicleta quedó abandonada, jamás recorrería la ciudad con aquel alumno brillante, que pudo dar mucho a su patria, pero que murió víctima del acoso en la escuela, víctima del Bullying, un fenómeno que está cobrando muchas vidas en las aulas del mundo.
Al realizarse las investigaciones, las autoridades descubrieron que Jokin traía en su cuerpo golpes que días antes le había propinado sus agresores y que durante un año había sido víctima de toda clase de maltratos en el aula. Los agresores fueron detenidos y juzgados.
Fue a través de la muerte de este alumno de secundaria, que España tuvo que reconocer que existe violencia en las aulas y poner en marcha programas educativos para mejorar la convivencia en las aulas.
La Secretaría de Educación Pública en México, guarda celosamente un documento que afirma que cinco de cada 10 alumnos son robados en las aulas y que por lo menos 12 de cada 100 son víctimas de “lastimaduras” de parte de sus compañeros, porque no se atreven a decir que son golpeados.
El documento también habla de burlas, humillaciones, ridiculizaciones que sufren los alumnos y de un presunto programa que se tiene para frenar estos maltratos, pero al que ningún padre de familia conoce ni ha oído hablar de él.
Los estudios sobre bullying se iniciaron hace casi 30 años en Noruega, cuando los medios de comunicación informaron de la muerte de tres alumnos que se habían suicidado muy probablemente a causa del acoso escolar. En Estados Unidos los suicidios se cuentan por decenas.
En nuestro país, Dalia Gómez, una alumna del primer año de secundaria murió en su banco cuando un alumno sacó una pistola que llevaba en la mochila para hacer frente a sus acosadores. En Tijuana un alumno disparó a un maestro en pleno salón de clases y en Querétaro una maestra equivocada hizo comer un cucaracho a un alumno, en castigo a su desobediencia. Y esto al margen de los cientos de niños que han sido atacados sexualmente en las escuelas. Pero al parecer, esto no es suficiente, para reconocer que tenemos violencia en las aulas.
Cuando un compañerito de Jokin leyó en Internet el correo donde Jokin anunciaba su muerte y supo que el suicidio había sido consumado, regresó a Jokin una carta con estas palabras:”Ente más pasa el tiempo, peor me siento. Es como un gusano que come mi interior por no haberte defendido”.
¿Quiere Usted sentir en sus entrañas es gusano que come su interior?
A continuación le doy algunos síntomas que le ayudarán a detectar si su hijo o alumno es víctima de maltrato en el aula.
EN LA ESCUELA
En el ámbito escolar las víctimas que, generalmente son buenos en sus estudios, bajan drásticamente sus calificaciones. Se muestran inquietos, inseguros, ansiosos, se niegan a participar o a exponer clases por miedo a las burlas. Piden frecuentemente ser cambiados de banco, le esconden las mochilas, les roban sus objetos personales como celulares, reproductores de música, calculadoras, les rayan el uniforme, les destruyen libros y cuadernos, les piden dinero, los despojan de su almuerzo, les obligan a hacer tareas a otros y de vez en cuando se escucha un apodo ofensivo en su contra.
En el patio no disfrutan el recreo, pues se mantienen cerca de algún profesor por persona adulta en el descanso para sentirse protegidos, temen ir al baño pues ahí son maltratado, de modo que van a mitad de clases o se aguantan las ganas hasta llegar al hogar con la incomodidad que esto le representa. En las prácticas deportivas y en los trabajos en equipo son marginados y por su complexión física se les tacha de débiles e incapaces de ayudar a sacar un buen resultado.
EN EL HOGAR
Muestran poco apetito, tienen insomnio, dolor estomacal, llevan moretones en su cuerpo y cuando se les cuestiona dicen que se pegaron solos o que no saben cómo se los hicieron; llegan a casa sin amigos, con el uniforme rayado, les faltan objetos personales que les fueron robados. A veces piden dinero en cantidades mayores, pues los tienen a cuota, muestran mucha intranquilidad a la hora de partir a la escuela, se aíslan en su recámara y esquivan dar comentarios sobre su situación en la escuela. Sus calificaciones van en descenso y nunca recibe visitas ni llamadas de sus amigos. |